Soñé con la fragilidad y desperté llorando. Fue muy curioso, porque ni siquiera me fui a dormir pensando en eso, por la noche mi alma estaba contenta por una película que mi mejor amiga me compartió y me llenó tanto por dentro, pero en mi sueño fui a parar a un hospital, donde yo era doctora (cosa demasiado alejada de la realidad, porque mi profesión es otra); y en una de esas salas me tocaba atender a un niño prematuro.
Era una cosita tan pequeña que podías acunarlo muy fácil entre tus manos. A pesar de ser tan frágil se sentía tan cálido; y te miraba con unos ojos que derretían el corazón.
Había permanecido tanto tiempo solo, que cuando lo tomabas para cargarlo se acurrucaba contigo de tal forma, y a pesar de que por dentro de la incubadora el contacto físico era muy poco; con sólo tocarlo él te hacía saber que más que alimento, calor y medicinas, lo que ese bebé necesitaba era mucho amor.
Dentro del sueño yo pasaba todo el tiempo posible con él, y dentro del hospital había una gran fiesta el día en que el bebecito lograba alcanzar un kilo de peso; pero ya no supe más, me desperté en ese instante y pensando en mi propia fragilidad.
Lo que me hizo llorar no fue eso, sino el hecho de pensar: Dios: ¿Qué estoy haciendo con mi vida?... Allá afuera hay tantos niños tan frágiles aún así se aferran a la vida con todas sus ganas, pero necesitan tanto amor.
Yo no soy mamá y en el mundo real mis posibilidades cada vez más se reducen... Sólo Dios sabe bien a ciencia cierta lo que necesita cada persona... Ojalá entre sus planes me ponga en el camino de un ángel que necesite de la ternura de un humano para que sus alas puedan crecer...
Domingo
6:27 am.

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