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Trocitos de Fe.


Salí muy temprano a la calle, y al encontrarme tan sólo con mi propia sombra, me di cuenta de cuánto ha valido la pena este camino, que me ha convertido en todo lo que soy.

Entonces la vida me alcanzó de repente, y con una sonrisa me pegó tremendo pedazo de esperanza que decía: ¿Y si este fuera el camino para encontrarme contigo?

Y entonces mi corazón se sintió lleno y contento... ¡Wow! a lo mejor alucino y soy muy ilusa por creer en alguien en quien ni siquiera conozco...

No lo sé, pero me encantaría estar preparada y ser para entonces una mejor persona.

Tal vez sigan pasando las estaciones del año, llevándose la posibilidad de veranos en el parque, planeando sueños o tardes de caminatas y paseos sólo por el placer de estar y convivir.

Tal vez este otoño, otra vez no exista el sonido de pasos que se acompañan y caminan en la misma dirección sobre una alfombra de hojas amarillas y ya secas; pero tengo el presente a mi favor, y quiero aprovecharlo para crecer, para aprender, para seguir escarbando dentro de mi y saber que es lo mejor que puedo dar; aún con todas mis limitantes y defectos. 

Viajar por la vida y enriquecerme de todo lo bueno y positivo que pueda atrapar durante esta travesía, y ser una persona completa y feliz, porque por fin haya aprendido a serlo primero por mi misma, para que un día si Dios me regala un milagro y llega alguien que se asome a mis ojos y pueda percibir todo eso, tal vez se quiera quedar.

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Este texto lo escribí un Sábado mientras iba de camino a la escuela, en el block de notitas del celular (nunca había hecho eso), pero era tal mi urgencia de plasmar lo que pensé y sentí al ver el reflejo de mi propia sombra; que al llegar a mi destino un pensamiento tan pequeño me cambió el día y me hizo inmensamente feliz.

Dios, gracias por la esperanza de creer en lo que todavía ni siquiera sé si vaya a suceder.

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