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Carta.


Hoy amaneció gris el cielo que me cubre... En la calle no había nadie más que mis propios pensamientos y yo.
Llevaba como siempre el corazón en la mano, y desde antes de llegar a casa para tomar papel y lápiz para escribirte, tú ya sabías lo que te tenía que decir.

Mi regreso sería hasta el final del día, y como tenía tanta prisa por hablar contigo, en lugar de una hoja de papel, empecé a escribirte en una hoja virtual para no olvidar nada; mi intención era sólo platicar contigo, y era tanto lo que tenía para decirte que todas mis letras de camino a la escuela, se convirtieron en carta.

Las conversaciones entre tú y yo siempre son en silencio, y aunque sé que tú conoces a la perfección cada uno de mis pensamientos, tenía mucha necesidad de explicarte -aunque no fuera en papel- un poco más.

Todos los días, en cuanto abro los ojos y también por las noches, cuando se gastan por completo las horas; imagino que llego hasta tu casa, para sentarme frente a ti en un sofá en medio de una pequeña cabaña, y otros días sobre la arena de la playa, en plena isla desierta.

Con la magia de la imaginación, cada día me escapo hasta ahí para buscarte, y soy yo quien siempre te atropella con preguntas y cosas, mientras tú me miras y tu rostro resplandece con la cálida luz naranja de una chimenea o de un cielo recién estrenado antes del amanecer.

A veces me desesperas y me voy decepcionada, porque tú no me dices nada en lo absoluto, pero luego, en el transcurso del día, me respondes sin necesidad alguna de palabras, y a través de las cosas más sencillas que vas poniendo por el camino que atravieso.
Es entonces cuando me doy cuenta que te haces presente, aunque yo no te pueda ver.

Hasta ahora nunca me has dejado encontrar lo que tanto me hace falta; pero no te lo reprocho de ningún modo, porque a cambio pusiste en mi alma y mis manos, lo que ni siquiera yo sabía que necesitaba de manera tan urgente.

Eso lo supe cuando me diste un montón de vivencias maravillosas, que si no fuera porque CREO que EXISTES, jamás hubiera pensado que me podrían pasar a mi.

Esta carta es para agradecerte por eso; y aunque es la primera vez que no te escribo en un trozo de papel, esta es también la primera vez que me gustaría plasmar letras, no para hablar contigo de lo que tanto necesito o no entiendo, de las cosas que tanto te pregunto siempre... No, hoy no hay nada de eso, hoy no quiero pedirte nada y quisiera nada más usar esta carta, para envolverte con tinta y papel imaginarios, un regalo que ahora sea para ti.

Ojalá que pudiera sorprenderte... Yo sé que siendo Dios y teniéndolo todo, tal vez lo único que te entristece no tener y añoras desde hace ya más de 2 mil años, es la confianza y la fe de todos los humanos.

Eso es algo complicado que no está en mis manos; pero me encantaría pensar que al igual que tú lo has hecho conmigo en los días difíciles, yo pueda hacerte sonreír.

Haber... Dime algo: ¿Quién te escribe durante el día para decirte cómo te imagina?... ¿Quién te contaría una historia en la que revelara todas las veces en las que tú, a pesar de no hacerte presente como todo mundo te conoce, esa persona supo de todos modos que eras tú y estabas ahí?

Eso es lo que en esta carta hoy yo quiero escribirte... Decirte con la voz de mis pensamientos, que te he visto reflejado en el brillo luminoso de unos ojos que se iluminan cuando algo les sorprende, o una idea genial se le ocurre.

Te he visto muchas veces disfrazado de sonrisa, en el rostro de tantos bebés, ancianos y niños, y también en las personas que en mi corazón están tan cerca de mi.

Fue ya de grande, cuando aprendí a jugar contigo a tratar de adivinar: ¿de qué cosa te disfrazas cada día?; pero también te vi hace muchísimos años en la absoluta belleza y el dolor implícito de un nuevo ser que llegó a este mundo (y a mi me tocó estar ahí).

Te reconocí también en la inmensidad del cielo y la grandeza de una montaña, a través de la cual me enseñaste a no olvidar lo frágil y pequeña que puedo llegar a ser.

...Ahora mismo, cuando te imagino leyendo esta carta; estoy segura que te gustaría preguntarme: ¿si recuerdo la primera vez que te vi?... ¡Por supuesto que me acuerdo!... Fue para una víspera de Navidad y fue a través de una estrella, que en aquel entonces yo supuse era la nariz roja de "Rodolfo El Reno"... Tuvieron que pasar muchos años (para que siendo ya una persona adulta); yo pudiera entender que eras tú.

Desde entonces has estado ahí; invitándome cada día a jugar contigo a adivinar donde te encuentras; y todas las veces en que por algo me enojo contigo, -tal como lo hace un buen amigo- siempre me has venido a buscar.

Siempre es hermoso reencontrarse contigo... Y yo me acuerdo perfecto de todas las veces que eso ha sucedido contigo y conmigo... Una fue en una noche de invierno, manejando yo de regreso hacia mi casa. Adentro del auto, de pronto tuve muchas ganas de hablar contigo; y esa noche fue mágica... Pero tiempo atrás ya te había sentido muy cerca, en alguna ocasión cuando estaba durmiendo; y en ese entonces faltaban pocos días para recibir el sacramento de La Confirmación.

Desde entonces has estado ahí... En todo lo que tengo y lo que no tengo... Me conoces a la perfección por dentro y por fuera; sabes cuales son las cosas que me duelen, o de que forma fallo cuando salen a la luz mis peores defectos... Sabes que hay veces que yo no puedo con eso; pero también conoces la simplicidad que hay detrás de todo lo que me puede hacer feliz y sonreír.

Esta mañana, en un principio mi idea era contarte sobre lo mucho que me duele a veces no poder resolver en mi vida muchas cosas... Lo que me afecta extrañar tanto y sobre todo mi miedo a perder algo muy valioso que hace más de 4 años tú pusiste en mi camino; pero bastó con que echara un vistazo a mi alrededor para darme cuenta que siempre pesa mucho más todo lo bueno que a diario me das.

Yo no sé que pase más adelante y si seré lo suficientemente fuerte para afrontar lo que a través del libre albedrío que me has dado, tenga que vivir como consecuencia de mis actos y decisiones tan humanas. Tú sabes mejor que nadie que no soy ni seré nunca una mala persona; porque conoces con la misma profundidad que conoces el mar y el cielo, todo lo que hay adentro de mi corazón.

Hace ya un buen tiempo que dejé de pedirte cosas; porque entendí que la vida y el destino, nos diste la capacidad para escribirlo cada uno de nosotros mismos... Eso yo no quiero olvidarlo, ni dejar de tenerlo presente cada día desde que abra los ojos; pero al mismo tiempo necesito siempre que no dejes de jugar conmigo a descubrirte en cada cosa, que te sigas disfrazando en lo más simple y sencillo, para que sin importar que yo tenga un espíritu tan frágil; pase lo que pase nunca me olvide de que a pesar de los tropiezos tú vas a estar ahí...

Gracias por dejarme escribirte esta carta y por las cosas que pasan cada día. Gracias también por dejarme vivir en este tiempo y adentro de este disfraz que diseñaste hace ya tantos años adentro de mi madre, especialmente para mi.

Gracias porque todo aquello de lo que carezco, me lleva a darme cuenta de lo frágil que soy como ser humano y eso me acerca a ti.

Comentarios

  1. Que bonita carta escribiste y cuantas cosas le puedes decir a Dios, nunca se me habría ocurrido.


    Un abrazo.

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