Jueves 28 de Julio, 2011.
Noche de Jueves y llueve mientras escribo. La última vez que estuve aquí quería escribir sobre tantas cosas que pasaban por mi cabeza y ya no pude, pero hoy quise tomarme el tiempo para hacerlo, porque escribir es en cierta forma como hacer una pausa, dejar por un momento en segundo plano todo lo que a diario me acapara y me distrae, para sentarme un momento y escucharme a mi.
Desde ayer pensaba, en que cuando volviera al diario, me gustaría escribir sobre lo que pasa conmigo allá afuera, en el mundo real donde todos los días estoy, y en otra página plasmar en letras, todo lo que a la par de esa vida tan normal, también está en mi interior.
La otra vez, mientras caminaba por la calle de regreso a casa, intentaba desprenderme un poco de este disfraz que me tocó llevar en esta vida, que resguarda todo lo que yo soy en esencia y trataba de imaginarme: ¿cómo me vería yo misma desde afuera si en el exterior yo fuera otra persona? -tal como se lo pregunté a uno de los pocos ángeles terrenales que he visto a los ojos, alguna vez y que hace ya tiempo se fue de aquí-.
A simple vista, para la gente que no me conoce, puedo ser una mujer más como tantas otras que viven esta ciudad y que a diario va y viene todos los días de su casa al trabajo, la verdad no sé si mi apariencia física denotará los 36 años que llevo viviendo en esta tierra, y quizá ni siquiera se me ha ocurrido preguntarle a alguien, porque desde siempre lo sentí, y en esta etapa más reciente me he dado cuenta que todo lo que realmente soy, está en mi interior.
Las cosas que necesito para vivir en el mundo real (que así le llamo yo a todo lo que forma parte del día a día), de las cosas que hago, de lo que La Tortuga Caramela es como persona, como compañera de trabajo, como amiga, hermana, o hija dentro de una familia, es muy distinto a lo que el alma necesita para nutrirse, para fortalecer todo eso que a diario ayuda a sobrellevar quizá los momentos difíciles o cuando una emoción me domina, cuando el mundo ante ciertas circunstancias, por momentos se vuelve un lugar hostil.
Esa es la parte de mi que muy pocas personas conocen. El aspecto en el que en este momento de mi vida estoy intentando enfocarme más y en el que como todo lo que no es blanco, ni tampoco negro, hay hilos enredados como una especie de madeja enredada, pero que desde hace tiempo ya le confié a Dios, porque estoy segura que a su tiempo encontraré el punto que me lleve en dirección hacia donde se encuentra el camino correcto para poderlos resolver.
Más que una chava medio seria y medio extraña, que no encaja para nada con el estereotipo o la imagen de lo que debe ser una mujer a esta edad y en la etapa en la que yo me encuentro; si este día yo fuera una más de todas esas personas que a diario caminan por la calle, como yo, o mejor aún: Que pudiera ser sólo algo o alguien invisible o sin forma, entendería a la perfección porque esa mujer que en una pequeña libreta va anotando las cosas que son importantes, descubrió que a través de las letras podía dibujar todo lo que no tiene forma y con otros ojos se percibe allá afuera, si se está atento para observar sin ver.
Ella es la que yo quiero que se quede aquí, la que me encantaría que reflejaran más las palabras que una imagen impresa en un papel fotográfico, y que en el futuro, sin importar que al igual que tú (que ahora lees esto); tenga problemas, algún día se enferme, o en un día cualquiera tenga ganas de llorar porque por dentro le duela algo -como te puede pasar a ti también- sea tan capaz de desprenderse de todo eso, para contarte una historia surgida de su imaginación o de algo que haya visto.
Que pueda describirte las emociones que vienen y se sientan en el suelo junto a ella, cuando un cuaderno de diario se abre en medio de un parque, o en una noche como esta, para ayudarle a describir los sonidos de la lluvia.
Tal vez cuando escriba que este día contó porque dio un paso más para alcanzar un sueño, y ganarse el acceso a escribir en la bitácora de viaje una historia distinta, o que simplemente hable de que en una noche como esta, se dio cuenta que el siguiente sueño a perseguir será un viaje en globo una vez que el otoño haya regresado de unas largas vacaciones; o quizá llegar hasta ese punto no muy lejano donde la tierra se divide en dos mitades separadas por un abismo, y donde aún sintiéndose ella mucho más pequeña de lo que ya es, se emociona al imaginar lo que escribirá desde ahí.
Todo eso es lo que quiero que perdure en letras. Quiero que este diario se llene más de todo lo que aprenda y me sorprenda, más que de lo que me preocupa o me duela.
Con esa idea me voy a dormir esta noche; y ojalá la vida me regale siempre pretextos desde el alma que como cada noche me hagan volver hasta aquí.
¡Gracias por leerme!


Tienes alma de niña, tus letras lo reflejan. No pensé que tuvieras esa edad, siempre te pensé como una adolescente.
ResponderEliminarSigue escribiendo, no lo dejes.
Saludos.
qué bonitooo! yo jamás compartiría lo que escribí en mi diario jajaja te admiro por hacerlo!!! :)
ResponderEliminar