Foto: Tortuga Caramela | Lugar: Casa Tibet, México, D.F.
...Todos los días salimos a la calle y perfilamos nuestros pasos... Gastamos la suela de nuestros zapatos, algunos con prisa, otros sin darnos cuenta, pero los que caminan con seguridad es quizá porque sin decirlo saben perfecto hacia donde van.
Nuestros pasos -sepámoslo o no- siempre nos llevan hacia algún lado... Muchas veces nos llevan hacia un punto determinado, mientras la imaginación va exactamente en dirección contraria y tantas veces, (sin necesidad de caminar), nos lleva a recorrer distancias para llegar hasta un lugar donde quizá ya nunca más volveremos a pisar.
El alma desea y sigue regresando ahí una y otra vez -aunque en forma intangible- por el simple hecho de que ahí se quedó la mitad de un corazón.
Hablar de todo eso podría llevarse una vida, pero al enfocarse a un sólo par de huellas, se puede descubrir la historia de una mujer cuyos pasos, durante una tarde de septiembre, se detuvieron frente a un mueble de madera.
Ahí, donde ella estuvo de pie, a su vez habían "anclado" también los pasos de muchas otras personas, que tras una puerta que resguardaba el silencio del mundo exterior, quizá encontraron un sentido... Su propio destino.
Miró sus pies, luego sus ojos se posaron otra vez sobre el mueble, y supo que los zapatos de ella faltaban ahí. Recién había descubierto "El Camino de En Medio", quizá no de la forma como muchos lo harían normalmente... No era una chica de formas ortodoxas, pero sabía muy bien lo que quería y todas las cosas que llevaba en su interior.
A ella le faltaban las huellas de alguien más en el camino. Los pasos que quizá a alguien más quizá no le sobraban porque ya estaban plantados en otra dirección y en otro sentido. En el camino hacia allí y durante tantos días de silencio contemplando su propio reflejo en el espejo, se dio cuenta de ello y aprendió que por más acompañado que se esté, siempre hay que aprender a caminar en solitario; puesto que hay senderos muy angostos y trayectos del viaje que deben andarse como ser individual.
Dicen que el camino que aún no se visualiza a veces sorprende mientras se recorre, pero en esa tarde ella descubrió que había sido buena su decisión de haber ido a perseguir un sueño y recorrer un camino tan lejano, que aunque breve en el lapso con que se mide la vida, le regaló a cambio el sentimiento más hermoso y sublime que su corazón guardaba y era desde entonces su más grande verdad.
En el trayecto aprendió por fin a estar consigo misma... Escuchó todo lo que por tanto tiempo pospuso y era importante por el simple hecho de que representaba lo que tenía para decirse a ella misma... Lo escribió también ya no para que alguien lo leyera, sino para que fuera la evidencia en letras, que si por cosas del destino su memoria alguna vez se deterioraba, viniera a recordarle el día en que se encontró con algo que por tanto tiempo había buscado.
Tal vez en otro tiempo, en otro lugar y en otro espacio, sus zapatos con la suela de goma desgastada, se quedarían suspendidos en un lugar como ese, mientras la piel de sus plantas delinearía el trayecto sobre la humedad de la arena, en una playa lejana y desierta...
Nada era seguro, ni siquiera el destino... La única certeza absoluta consistía en saber que tenía que seguir caminando, para alcanzar otros sueños, mientras sus pies tuvieran la fuerza necesaria para llevarla a donde el corazón lo indique y en el futuro se puedan seguir sumando pasos...

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