Tanto tiempo queriendo venir aquí para escribir, para hablar en letras, pero sin mucho tiempo para poder hacerlo.
Siento que ha pasado toda una eternidad desde la última vez que estuve aquí, expresando mis pensamientos y emociones en voz alta, y por lo mismo he dejado escapar algunas cosas que debería escribir para que el tiempo no las disuelva.
Sigo siendo la misma mujer sensible, que a sus 39 años ha aprendido por fin que su camino es distinto, que aprendió a través de alguien que ya no está en su vida a verse y aceptarse tal y como era. Que descubrió que el amor va más allá de los géneros y puede venir envuelto como regalo en un cuerpo no tan distinto y que en general tuvo que pasar por un proceso exhaustivo de depuración en cuanto a amistades, trabajo y toda forma de vida cotidiana y conocida para poder entender que su misión aquí es contar historias...
En ese sentido, y hablando de historias, hay algunas que quiero y se que debo materializar en tinta y papel porque más allá de su brevedad, no quiero perder nunca las emociones que le produjeron a mi alma, quiero contar de esos encuentros y que queden plasmados como parte de mi vida... Tengo que encontrar el tiempo y sé que lo haré...
Sigo también escribiendo cartas para charlar con Dios, pero últimamente me da por hablarle en voz alta y hoy quiero compartir algo que nunca había hecho y es una de esas conversaciones que a mi me hacen tanto bien y espero que quizá a alguien que esté buscando la manera de acercarse a él -y sin saber como- le pueda servir.

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