Otra vez por aquí, luego de un largo tiempo de no hacerlo. Es poco después de las tres de la mañana y el insomnio me ha traído hasta este espacio secreto o más bien tan íntimo, en el que tantas veces he plasmado en letras todo lo que pienso y siento, pero no siempre puedo contar o confiar a alguien.
Muchas cosas han pasado desde la última vez que estuve aquí. Sigo siendo la misma mujer de siempre, con problemas y preocupaciones tan normales como los de todo mundo, pero es bien curioso que en este último tiempo con una paz y estabilidad interior que no había tenido en mucho tiempo.
Desde que surgió en mi la idea de escribir notas en este diario inédito que más bien parecía una bitácora negra donde yo desahogaba todo lo que me dolía o no me hacía bien, La Tortuga Azul fue la persona más mencionada en cada uno de esos escritos, ya que era en torno a ella respecto a quien giraba gran parte de mi mundo.
En este instante presente que escribo sobre ella, las circunstancias han cambiado de manera considerable. Hasta el día de hoy van cerca de tres meses que no hablo para nada con ella y se cerró todo contacto.
No nos peleamos, pero muchas cosas cambiaron; ella empeoró respecto a su enfermedad de los nervios, y si a eso le sumamos que hubo cosas que yo no supe manejar y en mis intentos por ayudarla cometí muchos errores, eso dio como resultado que la amistad terminara por resquebrajarse.
En todo este tiempo no ha habido un sólo día en que no haya dejado de pensar en ella. La he soñado incluso varias veces, pero a diferencia de otro tiempo, ya no habita en mi ese sentimiento tan sincero y tan inmenso que ella sembró en mi.
Pienso que sigo teniéndola tan presente porque ella ha sido una parte esencial de mi vida. Durante un buen lapso fue la persona más importante para mi, y más allá de mis equivocaciones y sus propios errores, el lazo que nos unió o nos une ha sido tan grande, que la sola idea de darme cuenta que las cosas no debieron haber terminado así, es lo que me hace seguir pensando de manera tan constante en ella.
Luego de todos estos meses, me doy cuenta que alejarme de ella fue lo más sano para ambas.
Yo he logrado estar tranquila, terminaron esos días en que era angustiante extrañarla, no saber si hacia bien o mal comentarle algo, yo empecé a cerrarme como era antes de conocerla hasta que hubo un punto en que el distanciamiento fue inminente.
Ahora me queda claro que ella fue parte de un proceso que me sirvió para saber (o descubrir más bien), cuál era mi verdadera orientación sexual.
Después de La Tortuga Azul, conocí a una chica que me hizo darme cuenta lo que es vivir realmente una relación sana de pareja, y aunque fue algo muy breve (debido a las circunstancias que hubo a nuestro alrededor), a esa chica maravillosa le voy a deber siempre el haber descubierto lo que es amar a un espíritu libre y el haber sanado mi corazón por completo, dándome cuenta de lo que quiero y no quiero para mi.
La vida siempre se ha encargado de sorprenderme; y casi a final de este 2014 una vez más me ha sorprendido al poner en mi camino a una mujer maravillosa que conocí hace alrededor de 2 años y de quien yo juraba no era alguien de quien yo me podría enamorar...
Pero ella se merece un escrito aparte y luego regreso para contar de ella...

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